PROPUESTA DE EXPRESIÓN ESCRITA PARA EL MEDIEVO

En clase se respira ambiente medieval, por lo que propongo a los alumnos que se inspiren e imaginen que son un personaje de la época, que explica en primera persona un momento emocionante de su vida.

09 febrero 2010

EL VESTIDO DE TERCIPELO AZUL de Carlota Ramírez


Mi madre murió cuando yo nací y mi padre murió de pena. Yo quedé huérfana viviendo en la casa de los vecinos, aunque no me querían. Un día, una mujer alta y joven, que vestía largos y bonitos vestidos, entró por la puerta y le entrego a la familia un saquito de dinero. Mientras ojeaban lo que había dentro, la mujer se acercó a mí, me cogió y se me llevó.
Mi nueva cuidadora era una dama que asistía a la reina y yo habitaba con ella en sus aposentos. No hacía mucho tiempo que la reina había tenido un hijo que contaba exactamente un año más que yo y no quiso que se criara solo.
Cuando cumplí cinco años, la reina decidió que ya era hora de que tuviera una ocupación, así que a partir de entonces me tuve que encargar de cuidar del príncipe heredero, que se llamaba Alexius.
El día que cumplí mis quince años, el príncipe cumplió sus dieciséis, que por entonces se consideraba una edad muy importante, por lo que se celebraron importantes festejos en su honor. Por la mañana ayudé a decorar todo el castillo y, después de comer, Alexius y yo jugamos por los jardines de palacio. Yo consideraba que era bastante feliz en aquel palacio. Por la noche, recuerdo que Marta, mi nueva madre, la sirvienta de la reina, entró contentísima en nuestros aposentos y me mostró un precioso vestido, era azul oscuro de terciopelo, con el cuello de barca. No podía creer lo que veía, era uno de los vestidos más bonitos que había visto y era mío. Además tenía que ponérmelo esa noche, ya que debía acompañar al príncipe en todo momento, por lo que él pudiera necesitar.
Esa noche Alexius bailó con un centenar de mujeres distintas, su madre quería que eligiera una para que fuera su prometida algún día, pero siempre que le dejaban respirar se me acercaba y empezaba a criticarlas una por una.  Decía que eran muy superficiales, que lo que más les interesaba era su dinero y sus tierras y que jamás encontraría a alguien que valiera la pena. Al final de la fiesta, cuando casi todos los invitados ya se había ido, Alexius se me acercó de nuevo y me propuso el último baile e instintivamente yo le pregunté que por qué tenía que ser yo la última y no aquella mujer con la que más a gusto hubiera estado, pero me contestó que yo era la mejor de todas ellas. Así que me dejé llevar en mi primer baile con el hombre más guapo que había conocido en mi vida.
A partir de entonces él y yo hablábamos más a menudo y un día la reina invitó a que me sentara con ellos para comer. La reina me comentó que mi amistad con su hijo se había fortalecido mucho y que quería que yo aprendiera el arte de la espada, ya que yo podía defenderle mejor que cualquier hombre de la corte, pues le conocía a la perfección; el hecho es que me halagó mucho y acepté de buen grado.
Ya entonces el príncipe me gustaba, era un hombre muy bondadoso y guapo, además sus ojos me mostraban siempre sus sentimientos sin necesidad de palabras. La atracción era muy fuerte por parte de ambos.
Unos años más tarde el príncipe Alexius le habló a su madre de sus sentimientos hacia mí; al principio no lo aceptaba, pero cada vez que nos miraba o nos veía juntos terminaba sonriendo: ella sabía que yo nunca le haría daño, pues yo siempre le había protegido muy bien y además ella me tenía un aprecio especial. Al cabo de poco tiempo ella aceptó que su único heredero, el próximo rey, se casara con una plebeya.
En definitiva, para conseguir lo que más deseaba,  desgraciadamente tuve que perder a mi familia y sobresalir entre todos los hombres; en el camino aprendí a escribir y a leer, lo más bonito que he aprendido jamás.