PROPUESTA DE EXPRESIÓN ESCRITA PARA EL MEDIEVO

En clase se respira ambiente medieval, por lo que propongo a los alumnos que se inspiren e imaginen que son un personaje de la época, que explica en primera persona un momento emocionante de su vida.

07 febrero 2010

MARLA, BUFONA DEL REY de Mar Sifre

Hay mucha gente a mi alrededor, tengo miedo. Mi nombre es Marla y hoy es mi primer día de bufón. El rey espera mucho de mi, que sea graciosa y divertida para no aburrirle, como lo era mi madre. Cada día de mis catorce años he pensado en ella, ella era mi compañera de diversiones; desde que era pequeña ella era mi ídolo, hasta que un día se fue del castillo y no volvió jamás y me tocó a mí reprender su oficio de bufón.
Estoy en la sala principal. Es grande y majestuosa, pero sin detalles ni decoraciones. Me intimida la estancia y todos los presentes que me miran con expectación y recelo al ver que la bufón no es Selene, mi madre e instructora. Tengo miedo, miro al rey y me sonríe. Interpreto que quiere decir: -ánimo, valiente-, pero yo no sé por dónde empezar. Parece ser que el diálogo y las tonterías que me he estado preparando toda la noche se han esfumado. Busco y rebusco en mi mente pero nada.
Creo que voy a improvisar, ya que en mi mente sólo hay una bruma blanca que no me deja entrever nada. Empiezo haciendo un poco de teatro y gracia mientras les explico un cuento que va aflorado de mi cabeza. Me dejo llevar por mi mente, los minutos pasan sin que me dé cuenta. Me despierto de mi trance al oír los aplausos de mi público.
-¿De verdad lo he hecho tan bien?-me pregunto.
A continuación, sale un malabarista y me retiro a mis estancias para descansar. Me siento en una silla frente al ventanal y observo el cielo resplandeciente de estrellas sonriéndome. Está saliendo la luna, la entreveo por detrás del cortinaje de mi ventana. Al asomarse en la parte descubierta oigo alguien llamando la puerta. ¿Quién será? La abro y veo un chico de edad semejante a la mía. Nunca lo había visto antes. Parece inquieto. Le invito a pasar y a tomar un poco de té, pero lo rechaza y me advierte que está envenenado. No sé si me lo creo, pero le hago caso y no me lo bebo.
-¿Querías decirme algo?- le pregunto después de estar unos minutos en silencio.
Él, enigmático, me explica que es un criado que ayuda en la cocina a la vez que hace de sirviente y que estaba espiando al rey mientras hacía ver que le llevaba la comida y el caso es que oyó que creía que yo tenía poderes ya que hacía más bien de bufón que mi madre con tan solo unas clases de práctica. Todo el mundo sabe que se hace con las brujas. A la hoguera. Esta noche. A partir de ahora soy una fugitiva aunque sin quererlo. Otra vez tengo miedo. ¿Por qué este sentimiento no me deja en paz ya de una vez? Otra pregunta sin respuesta.
Le miro con cara suplicante, necesito ayuda, yo sólo soy una chica débil en un mundo donde el hombre es el que manda. Necesito a alguien varón que me proteja de las maldades de nuestro mundo. Se me acelera el corazón, me estoy poniendo nerviosa, pero mi mente o la gracia de Dios me ha dado una de las tantas respuestas que necesito para aclarar mis preguntas. Es él, él es quién me debe acompañar en mi huida sin regreso, me lo dice el corazón.
Me dice que respire y me relaje, pero yo le vuelvo a insistir que venga conmigo. Al final sólo sé que accede a tan peligroso viaje, por el leve y casi imperceptible movimiento de su cabeza, asintiendo.
Me dice que hay un camino secreto detrás del tapiz de la reina Margarita que hay en mi estancia.
Me visto rápidamente y cojo lo imprescindible y el amuleto de la suerte que mi querida abuela me dio antes de fallecer a manos de una terrible enfermedad.
La última cosa que oigo antes de descender por el pasillo secreto es el traqueteo de las botas de los soldados ascendiendo por la escalera que lleva a mi estancia.

Ma del Mar Sifre Sala